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LA ALQUIMIA Y SU RELACIÓN CON EL YOGA.


Alquimia es una palabra que empleamos a menudo en el marco del yoga, con un significado relativo a la transformación de la energía.

amigos de esta ciencia milenaria conocen bien su poder para operar cambios en la actitud psíquica y física del practicante: por ejemplo en una sesión de yoga, donde los ejercicios físicos, respiratorios y de concentración suelen conducirle a un estado renovado y armonioso; o a través de una práctica constante, mantenida a lo largo de los años, susceptible de operar transformaciones más profundas.

El yoga habla además a un nivel esotérico de la existencia de nódulos energéticos, los chakras, que pueden operar como centros alquímicos, en los que la energía vital del individuo puede ser transformada y refinada hasta a niveles cada vez más sutiles.
Surge por tanto una pregunta: ¿tiene algo que ver la proverbial “alquimia” del yoga con la célebre transmutación de los metales impuros en oro que constituía el fin de la alquimia, ciencia hermética, o arte real, practicada en Europa durante siglos, de la que se escribieron numerosos tratados durante la Edad Media y la Edad Moderna? Y en caso de ser afirmativa la respuesta, ¿es posible que la alquimia europea participara de la misma filosofía, o compartiera técnicas similares, con el yoga y la alquimia oriental?

Tales preguntas nos introducen en un apasionante mundo de conexiones entre oriente y occidente, en un tema extraordinariamente amplio que sólo podemos atisbar en este breve artículo.  

Mercurio volando con la ayuda de Zéfiro, Jean de Boulogne, 1564.

Estado de la cuestión

La conexión entre alquimia y yoga no es un tema nuevo, aunque no ha sido tratado con toda la importancia que merece, teniendo en cuenta la gran cantidad de estudios sobre la alquimia histórica que se han publicado en los últimos tiempos. Curiosamente, los pocos investigadores que observaron esta relación se distinguieron no sólo por ser eruditos, sino también por haber sido practicantes, en un grado u otro, del yoga y su filosofía.

Uno de los pioneros en observar esta conexión fue el psicólogo suizo Karl Gustav Jung, que encontró en la alquimia toda una psicología del inconsciente que conectaba el pasado de la humanidad con su futuro. En su trabajo Paracelso como fenómeno espiritual (1942), dedicado al célebre medico y alquimista del siglo XVI, señalaba cómo “la alquimia no es sólo una especulación química tal como la entendemos hoy, sino que es, y en mayor medida, un procedimiento filosófico de transformación, es decir, una especie de Yoga, en cuanto éste apunta a una transformación anímica.”

Jung se interesó vivamente por los símbolos de la alquimia, que confesó haber tardado en comprender más de una década, dedicándoles estudios como Psicología y alquimia (1942), Psicología de la transferencia (1946) y Mysterium coniunctionis (1956), entre otros. Descubrió que la gran obra alquímica es una metáfora del proceso de autorrealización del individuo, que denominó como proceso de individuación, demostrando cómo psicoterapia, alquimia y yoga pueden seguir caminos paralelos e incluso complementarios, destinados a la sanación integral.

2. Karl Gustav Jung y Mircea Eliade circa 1952


El principal estudioso de las relaciones entre alquimia y yoga fue sin embargo el historiador de las religiones de origen rumano Mircea Eliade, que estudió sánsrito y filosofía hinduista en La India a lo largo de cuatro años y dedicó su tesis doctoral al yoga. En su magna obra El yoga, inmortalidad y libertad, publicada en 1954, incluía todo un capítulo titulado, precisamente, Alquimia y Yoga, en el que trazaba las líneas maestras de esta relación, que continuó ampliando con más datos en otros trabajos posteriores: Herreros y alquimistas (1956), Cosmología y alquimia babilónicas y La alquimia asiática. Para Elíade es evidente que ambas disciplinas tienen un punto de partida empírico, basado en la experimentación y en la práctica, destacando que la alquimia es una “técnica solidaria de otros métodos de la fisiología sutil elaborada por el hatha yoga y el tantrismo, que persiguen una finalidad análoga, la transmutación del cuerpo y la conquista de la libertad”.

De acuerdo con el historiador rumano, “tal como el alquimista, el yogui hace transformaciones en la "substancia"; y ésta, en la India, es obra de Prakrti o de Sakti (o de la Maya, arquetipo del Mago). El yoga tántrico mostraba pues fatalmente una prolongación alquímica: por un lado, al dominar los secretos de la Sakti, el yogui consigue imitar sus "transformaciones", y la transmutación de los metales comunes en oro se inscribe tempranamente entre los siddhi tradicionales: por otra parte, el "cuerpo de diamante" de los vajrayanistas, el siddha-deha de los hathayoguis, tiene algún parecido con el "cuerpo de Gloria", de los alquimistas occidentales; se realiza la transmutación de la carne, se fabrica un "cuerpo divino"' (divyadeha), un "cuerpo de la Gnosis" (jnana-deha), digno receptáculo para aquel que es un liberado en vida" (jivanmukta)” (…). Se comprende la simetría existente entre el alquimista trabajando sobre los metales "comunes" para transmutarlos en "oro", y el yogui que obra sobre sí mismo, esforzándose por "extraer" de su vida psicomental, confusa y esclavizada, el espíritu libre y autónomo, que participa de la misma esencia que el oro. Porque en la India, como en otros lugares, "el oro es la inmortalidad."

 

Las observaciones de Mircea Eliade apenas encontraron eco en posteriores estudiosos de la alquimia, con excepciones como Titus Burckhardt, que en su libro Alquimia (fig. 3), publicado por `primera vez en 1960, destacaba la relación del símbolo del caduceo hermético con el yoga tántrico. En cualquier caso, las relaciones entre yoga y alquimia no han vuelto a ser tratadas con amplitud hasta hace pocos años, gracias al trabajo de un alquimista moderno, al parecer español, oculto bajo el seudónimo de Friedrich von Licht. Este autor ha cargado con la ardua tarea de desvelar los símbolos de la alquimia europea, tomando como referencia la obra del alquimista Fulcanelli, para descubrir que éstos se encuentran en íntima conexión con temas clásicos del Taoísmo, el Budismo y el Kundalini Yoga. Su obra El fuego secreto (1998), disponible en internet, es un referente imprescindible para comprender el verdadero sentido de la alquimia occidental, mucho peor conocida, a causa de su extremo secretismo, que la alquimia india y la alquimia china, con las que está relacionada.

Alquimia: una ciencia universal

Una de las principales aportaciones de Mircea Eliade fue la de observar que en todas aquellas civilizaciones en las que surge la Alquimia, siempre se muestra  vinculada con filosofías encaminadas a la autorrealización del ser humano.

En efecto, la alquimia india, denominada Rasayana, que forma parte del Ayurveda, o ciencia india de la salud, está vinculada con la filosofía Samkhya y con el yoga; la alquimia china, o Nei Dan, está íntimamente ligada a la filosofía Taoista y a la práctica del chi-kung; la alquimia islámica, vinculada con la filosofía hermética y las escuelas del sufismo, cuyas prácticas incluyen danzas, trabajos corporales, recitados y meditación; y la alquimia europea u occidental, hija así mismo de la filosofía hermética, originaria del Antiguo Egipto.

 4. Simbología alquímica en el arte románico: iglesia de San Felices en Uncastillo (Zaragoza)

Las tradiciones alquímicas de todo el mundo suelen mostrarse relacionadas, además, con mitologías características, que equiparan al alquimista con la figura del mago, en las que son frecuentes los temas de la obtención de la inmortalidad por medio de elixires y plantas; los mitos de la lucha con el dragón, símbolo de la gesta heroica interior contra la tiranía del ego, muy similares en todas las culturas (fig. 4); y en general, los mitos relativos a la muerte o aniquilación del individuo, ya sea éste héroe o dios, y su posterior resurrección.

 El espejo de la alquimia oriental nos sirve para comprender el verdadero sentido de la alquimia europea, que fue transmitida en el más estricto de los secretos. Ismael Berroeta ha realizado un estudio comparativo entre la alquimia taoísta y la alquimia occidental, encontrando un espíritu muy cercano entre taoísmo y hermetismo, si bien advierte que “La Alquimia Occidental, sometida a persecuciones y represiones de todo tipo, parece haber visto roto el hilo conductor, pareciera tener destruidas gran parte de sus claves de comprensión. La herencia de su enseñanza, por lo menos la que se ha conservado, sería más bien de tipo psicológico en la esfera mental. Algunas tendencias de la francmasonería (y rosacruces) pretenden ser las herederas de la Alquimia en su forma más elevada, denominada Arte Real. Algunos de sus métodos pueden contribuir a mejorar al individuo sólo en uno de sus aspectos esenciales, la ya mencionada esfera de la mente (…). El taoísmo, en cambio, ofrece métodos de perfeccionamiento del individuo en todos sus aspectos o dimensiones. Dispone de un enfoque integral y holístico: cuerpo, energías internas, salud, mente, intuición, entorno energético. La Alquimia Taoísta parece haber conservado sus claves y habría una continuidad hasta nuestros días, a través de textos y maestros.”

Los últimos descubrimientos, sin embargo, demuestran que la alquimia occidental también fue una ciencia holística de la salud. Fue la gran filosofía de la Europa medieval, renacentista y barroca: además de haberse desarrollado en multitud de tratados, su simbología anima innumerables de obras artísticas, particularmente en la arquitectura románica y gótica, así como en la literatura, constituyendo, por ejemplo, la esencia del ciclo artúrico de la búsqueda del Santo Grial. Fue objeto de atención de las clases poderosas y formó parte de la cultura popular, dando lugar a una legión de falsos alquimistas que, sin comprender su esencia, fracasaron una y otra vez en sus intentos de transmutar los metales impuros en oro. Supervivientes a la intransigencia religiosa y a la avidez de los humanos, los verdaderos alquimistas transmitieron su ciencia a la vista de todos, aunque velada por medio de extraños símbolos, incomprensibles a los profanos. El secreto fue tan efectivo que la filosofía hermética ha dado lugar al calificativo de hermético, con su significado de impenetrable, incomprensible y cerrado en compartimentos estancos.

 

Algunos símbolos de la alquimia europea

Los practicantes de yoga reconocerán inmediatamente que la forma del caduceo hermético, uno de los símbolos esenciales de la alquimia occidental (figs. 1, 5 y 9), coincide con la distribución de los principales canales energéticos del cuerpo humano que enseña el yoga. De acuerdo con von Licht,

“La vara central es asimilada al canal energético Susumná, que recorre el interior de la columna vertebral. Las serpientes que se enroscan alrededor de ella representan los conductos energéticos Idá y Pingalá, de polaridades femenina y masculina, lunar y solar, respectivamente. La esfera alada, que remata el extremo superior de la vara, es el jeroglífico de la apertura del centro o loto Ajña, sede de la mente, conocido tradicionalmente como tercer ojo. En fin, el caduceo mercurial es un resumen de la ascención, desarrollo y despertar de la Kundalini”.

Debemos recordar que el caduceo, constantemente representado en los tratados alquímicos, es el atributo de Hermes-Mercurio (fig. 1), dios de la mitología griega y romana que actúa como comunicador entre hombres y di7oses. En el Egipto de la época helenística Hermes fue asimilado al dios Egipcio Toth, patrón de todas las ramas del conocimiento en la civilización del Nilo, para convertirse en Hermes Trimegisto, al que se atribuyen los principales textos de la filosofía hermética, como la Tabula Smaragdina.

6. Distillatio, 1507

El caduceo parece estar sugerido además en una ilustración fechada en 1507 que muestra la operación alquímica de la destilación (fig. 6). Así lo indica la distribución de tubos curvos a los lados de una columna central, de la que surgen cuatro alargados alambiques que podrían simbolizar las cuatro extremidades de una persona en postura de meditación (fig. 7). Este dibujo demostraría que el único laboratorio necesario para realizar las operaciones alquímicas es el cuerpo humano.

La miniatura titulada Los reproches de la naturaleza al alquimista errante, debida a Jean Perreal, de 1516 (fig. 8), parece contener también una alegoría al caduceo, en la “caprichosa” forma que enmarca a la figura del ángel, el cual aparece sentado sobre un horno. El horno tiene un papel clave en la mayor parte de las operaciones alquímicas, posiblemente porque es una alegoría de los ejercicios de ritmo respiratorio que el practicante debía realizar para purificar la materia, similares a las técnicas de pranayama. En efecto, este tipo de ejercicios constituyen la esencia de la alquimia taoísta, que contempla la existencia de un horno y dos calderos a lo largo de la columna vertebral, a la altura de ombligo, pecho y cabeza. El horno recuerda así mismo a la “respiración de fuego”, activada por el músculo del plexo solar, en los ejercicios de pranayama.

8. Jean Perreal, Los reproches de la naturaleza alquimista errante, 1516

A este tipo de ejercicios parece referirse el antiguo tratado conocido como Liber de compositione alchemiae (siglo VII) cuando advierte que el horno debe llevar a cabo una cocción muy prolongada, por medio de un fuego que proporcione un calor constante, suave e igual, cuya llama no debe tocar al vaso, que ha de permanecer inmóvil todo el tiempo.

El propio vaso en el que tienen lugar las operaciones alquímicas suele representarse en los tratados con una forma que parece aludir a la capacidad aeróbica de los pulmones, al tener una amplia base esférica que se estrecha gradualmente hacia arriba (fig. 10), en alusión a los tres niveles, abdominal, costal y clavicular, de la respiración completa. No en vano Friedrich von Licht señala que el aire (y la respiración) constituye el disolvente universal de la Gran Obra. 

9. Horno, vaso y caduceo en Der Hermettische trriumph Frankfurt, 1765

10. El vaso alquímico. Salomon Trimosin, Splendor Solis, 1582

Una ilustración del tratado de Andreas Livabius, Alchimia, publicado en Frankfurt en 1606 (fig. 11), parece la alegoría de una figura humana de ambombado vientre en postura de meditación, flanqueada por una esfera solar y otra lunar (a la altura de lo que serían los hombros) y una serie de representaciones en sentido vertical que bien podrían simbolizar los siete chakras. Así, la base está ocupada por un dragón serpentino de múltiples cabezas (Muladhara), seguido por una figura de Hermes-Mercurio que sujeta con cadenas a dos bestias salvajes, símbolo del dominio del inconsciente (Swadhisthana), más arriba una cabeza que sopla a modo de fuelle, símbolo de respiración, a la altura de lo que sería el ombligo (Manipura), etc., encontrándose la cúspide presidida por una especie de ave fénix que como ser alado aludiría al principio volátil (Sahasrara).

 11. Andreas Livabius, Alchimia, Frankfurt,1606

La meditación parece haber sido también una herramienta clave para los alquimistas europeos. Los títulos en latín de algunos de sus tratados y emblemas parecen idóneos para su recitado a modo de mantram, a juzgar por su gran poder transformador: Deo Soli Gloria, Aurora Consurgens, Splendor Solis. Todo apunta a que la meditación se encuentra detrás de la práctica del quietismo y de la llamada “oración mental”, una forma de oración muy extendida, perseguida por la inquisición, que surgió en el marco de emergencia espiritual española de los siglos XVI y XVII. Sabemos al menos que Paracelso, médico suizo del siglo XVI, uno de los principales alquimistas de occidente, recomendaba la meditación diaria como uno de los diez principios de la salud:
“Todos los dias  en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, debes sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados  y no pensar en nada. Esto fortifica energicamente el cerebro y el espiritu y te pondra en contacto con las buenas influencias. en este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrirsenos a veces luminosas ideas, susceptibles de cambiar toda una existencia (…)”

Sorprendentemente, además de practicar técnicas de respiración y meditación, los alquimistas europeos parecen haber compartido unas concepciones filosóficas semejantes con los alquimistas y yoguis de La India. Así lo indica la concepción que el propio Paracelso tenía del universo, plasmada en el siguiente párrafo de su Liber Paragranum:

“Los secretos del Gran y el Pequeño Mundo sólo se distinguen en su forma de manifestación, pues son UNA sola cosa y UN solo ser. Cielo y tierra fueron creados de la nada, pero están compuestos de tres cosas, de mercurio, azufre y sal... Igual que el Gran Mundo está así formado por las tres materias primigenias, así también el hombre -el Pequeño Mundo- fue hecho de aquellas en las que consiste. El hombre no es pues otra cosa que mercurio, azufre y sal”.

El médico y profesor de yoga Miguel Fraile ha establecido un paralelismo muy acertado entre los tres elementos que cita Paracelso y los tres principios o gunas que componen la materia en la filosofía Samkhya, es decir, tamas, rajas y sattva. Así, la sal, el sedimento, corresponde a tamas; el azufre, el movimiento o lo que arde, corresponde a rajas; y el mercurio, como superación y equilibrio de los dos anteriores, corresponde a sattva.

Una buena prueba de la hermandad filosófica entre yoga y alquimia se encuentra en El Kybalion, uno de los más importantes tratados herméticos, que fue escrito en Chicago a principios del siglo XX por un grupo de autores anónimos, ocultos bajo el seudónimo de “tres iniciados”. Se ha destacado que uno de éstos no era otro que William Walker Atkinson, devoto del yoga y del ocultismo oriental, que escribió numerosos libros con diversos seudónimos, siendo el más conocido el de Yogi Ramacharaka por su traducción del Bahavad Gita y sus tratados sobre diversas ramas del yoga y sobre técnicas de pranayama. Considerado precursor del movimiento teosófico, fundó una escuela de yoga que continúa activa en Norteamérica.

Conclusión

Parece claro que los alquimistas europeos se sirvieron de técnicas de respiración y meditación similares a las que actualmente se siguen practicando en el yoga y en otras disciplinas de trabajo interior como el chi-kung, que transmitieron por medio de un lenguaje críptico, incomprensible a los profanos. No debemos olvidar que este secretismo también constituye un punto de contacto con el yoga: las técnicas de rotación de conciencia a través de los chakras, propias del kundalini yoga, se encuentran entre las más esotéricas de La India y solo se han hecho públicas recientemente, tras mantenerse en secreto durante siglos.

La afinidad entre yoga y alquimia es una noticia sin duda excelente, que nos lleva a contemplar al yoga no como algo importado, exótico o ajeno a nuestra cultura, sino más bien como una ciencia universal, adaptable a todas las personas del planeta, tal como plantea el propio Patanjali en el aforismo nº 31, capítulo segundo, de los Yogasutras. Esta afinidad demuestra que existe un núcleo común en la espiritualidad del ser humano, que nos une por encima de razas, culturas o religiones. Sólo este núcleo, fuente de la filosofía perenne, puede explicar las sorprendentes similitudes que existen en las tradiciones chamánicas, mistéricas y alquímicas de todo el mundo, aun cuando estas se hayan desarrollado en los contextos geográficos y temporales más diversos.

Bibliografía
BERROETA, Ismael, La alquimia taoista, similitudes y/o diferencias con la alquimia occidental, Santiago de Chile, 2006 (texto publicado en internet).
BURCKHARDT, Titus, Alquimia, Plaza & Janés, Barcelona, 1971.
ELIADE, Mircea, Yoga, inmortalidad y libertad, Ed. La Pléyade, Buenos Aires, 1977.
FRAILE, Miguel, Yogaterapia, curso de formación, Mandala Ediciones, Madrid, 1997
JUNG, Karl Gustav, Paracélsica, Ed. Kairós, Barcelona, 1995. 
MEDRANO, Antonio, La lucha con el dragón. La tiranía del ego y la gesta heroica interior, Yatay ediciones, Madrid, 1999.
TRES INICIADOS, El Kibalion, Filosofía hermética del Antiguo Egipto y Grecia, Ed. Luis Cárcamo, Madrid, 1978.
VON LICHT, Friedrich, El fuego secreto, texto publicado en internet en 1998.



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